• Libros y libros
Hace tiempo encontré un libro que había comprado hace algunos años. De tapas duras, negras, rasguñadas, y sinceramente, que no daban muchas ganas de leer.
Opte por aquel para leer, porque era distinto a todos los otros; era extraño, raro. Quien sabe cuál fue el motivo por el cual me intereso, pero comencé a leerlo. Me llamo la atención.
Las primeras hojas eran muy buenas, tan tiernas, cariñosas y no podía dejar de leerlo… no podía. Era como si cada frase cobrara vida y más ganas daban de seguir aventurándome en aquel, aquel libro que nadie quería leer.
Cada letras, cada palabra a medida que la iba saboreando se hacían más dulce, más lisonjera, más sabia, y a medida que leía, fui madurando, pensando, queriendo cada palabra, recordándola, y extrañándola cuando se apartaba de mi.
Me divertía, reía, disfrutaba cada rato que podía consumir cada hoja.
También tuvo ratos oscuros, momentos en que ya lo quería dejar, pero no podía, quería conocerlo más, algo me decía que tenía que continuar, continuar sin importar cual fuera el final, continuar pensando y analizando cada página, recordando cada acento, punto, comillas, etc.
Poco a poco subió de ranking en mis libros de importancia, y ya no lo dejaba en mi cajonera, ni tampoco encima del estante, ahora estaba en la repisa de los libros que más quería y anhelaba.
Comencé a notar que ya no me parecían tan feas las tapas, ya no me importaba que me dijeran que lo dejara, que tal aspecto por fuera, también debe estar por dentro. Ellos no lo habían leído, no podían, no debían, no tenían derecho de criticarlo ni tan solo opinar de él.
Más personas querían leerlo, e incluirle versiones para darle otro sentido, así que me vi en la obligación de colocarle un candado y guardar la única copia de llave dentro de un zapato.
Llego un día en el que descubrí otro libro, el cual lo había comprado junto con mi apacible libro de tapas toscas, y sin pensarlo, comencé a leerlo, dejando de lado el otro.
Este tenía más acción, cada página contenía en exceso el más puro suspenso que se puede encontrar. Nunca pude estar segura de su final, pero la intriga de este nuevo libro, consumía y confundía mi pensamiento.
Pero no era, no, no se podía comparar con mi antiguo libro.
Llegó el día en que se me antojo retomar la historia con mi libro preferido; sentir cada palabra que tanto me hacia volar y despegar de la realidad, pero el zapato que atesoraba mi llave, no estaba… no lo podía encontrar, Busqué, busqué, rebusqué, y volví a buscar, pero no había caso, al zapato no lo hallaba.
Triste comencé a pensar. Pensar dónde podía haberlo dejado, hallar la manera de encontrarlo, pero más que hallar el zapato, quería hallar mi llave, la única y original llave que abría el más maravilloso libro que he leído.
Pasaron días, tras días, pero era inútil. Días tras días, en que ya no hallaba solución. Días tras días en que me sentía sola y triste por no tener aquel libro, con toda esa envolvente entretención.
Días pasaron, días eternos, hasta que halle el zapato. Sí, lo hallé. Pero había pasado por muchos lugares creo, ya que más destruido, sucio e inservible no podía estar. Ansiosa busque dentro, para hallar la llave por fin, para abrir aquel libro de tapas gruesas, detener el tiempo, y asegurarle que no lo dejaría jamás.
Pero no halle nada, nada más que polvo y tela de arañas.
No podía ser, había perdido la entrada a mi mundo. Mundo en el que podía ser guerrera; nada me detenía, nada me lastimaba, porque en él, era una heroína, una heroína junto con mi brillante e impenetrable armadura. Armadura que me cuidaba, que me brindaba apoyo, armadura que me protegía, que me envolvía y estaba cada instante conmigo, para cada batalla perdida o con victoria. Armadura que me fue haciendo cada vez más fuerte, armadura con la cual podía ver el verdadero reflejo de mi cara... mi armadura.
Ya no había que hacer... intenté de todas las formas romper el candado, pero aquel, receloso, luchaba por no abrirse, como si no perdonara mi traición.
Cansada de los intentos, lo deje de nuevo en su lugar, de nuevo en aquella repisa. Pero está vez hasta siempre, hasta que encuentre aquella llave perdida, aquella llave de mi desazón.
Ahora estoy leyendo el libro por el cual cambie al antiguo de tapas toscas... pero cada vez que miro al otro, en aquel rincón de mi repisa, recuerdo cada historia leída, cada palabra digerida, cada palabra desglosada, todas aquellas palabras, frases, mayúsculas, puntos, comas, acentos, diéresis, etcéteras, sílabas y puntos aparte. Palabras completas, frases inacabadas y párrafos escasos de conocimientos. Cada puntos suspensivos, fonemas, sílabas, palíndromos, signos de exclamación, diptongos y hiatos, palabras que no se dijeron, frases que se susurraron. . Tantas cosas y mucho más.
No te olvidare Dante…
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