• Un mundo de colores.
Porque los colores no se reducen a las flores o a los paisajes, a los atardeceres bonitos, a los mil azules del cielo, al amarillo de los girasoles, al rojo de las amapolas, al verde de los árboles o al naranja de sus frutos. Ni siquiera al pestañear de las estrellas por la noche o al dorado de cada grano de arena en el amanecer de una playa desierta.
Los colores también invaden a las personas. En sus ojos, en su piel, en el tono de su sonrisa, en el tinte de sus pensamientos, en el arco iris de sus expresiones y en la luz de sus palabras. Pero el mundo no existiría sólo a base de colores llamativos. También hay una porción del gris de los miedos, el negro de los malos tragos o el marrón de cada odio.
Pero no olvidemos que cada color nos ha convertido en la clase de persona que somos y que cada nuevo color nos transforma en la clase de persona que podríamos llegar a ser. Así que mañana cuando estés en el trabajo, en la playa, en la piscina o dando un paseo, no desprecies todo el abanico de posibilidades que te rodean, todo un arcoíris a tu alcance.






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