• Siguiente escalon.


Es como saltar en una cama elástica, verte desde fuera y notar que no alcanzas. Sufrir para llegar. Llegar para sufrir. Parece un juego.
Es un juego

Saltas, saltas. Llegas, por fin. Pero no llegas a gusto. Más bien cansada, agotada, destrozada.
Un poco ambigua, quizá.
Desplazas tu cuerpo, te dejas caer en el siguiente escalón. Miras más arriba, ves que hay otro, y percibes que el siguiente está más alto que el anterior. Presientes, sientes, sabes que te va a costar más subir.
Saltas en la cama elástica. Te retuerces. Sigues saltando mirando arriba.
Está lejos -te quejas-
Pero puedes. Sí puedes
¿Por qué no vas a poder?
Impulsas tus piernas sobre ese elemento elástico y moldeable.
Coges fuerza, te alzas, notas el aire en la nariz, te estiras, parece que lo alcanzas.
Pero no, no lo alcanzas. Casi. Lo intentas de nuevo. Una, otra, una y otra vez. Otra y una.
Sin parar.
Subes. Ya estás en el siguiente escalón.
Cuando llegas, no ha cambiado nada. Si quiera el color del suelo, la mirada al infinito o las ganas de contar qué sientes estando cada vez más cerca del principio, o del fin.

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